Comprender la globalización

Guillermo de la Dehesa

Alianza Editorial, 2000


Índice de citas


¿Qué es la globalización?

La globalización es un proceso dinámico de creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnología y capitales. Este proceso no es nuevo, viene desarrollándose paulatinamente desde 1950 y tardará muchos años aún en completarse, si la política lo permite.

¿Cuáles son los factores que determinan el proceso de globalización?
El primero es, sin duda, la tecnología. El desarrollo de nuevas tecnologías en el transporte y en las telecomunicaciones ha permitido que sus costes caigan de un manera espectacular … El segundo factor ha sido la liberalización de los intercambios de bienes, servicios y capitales, tanto a través de negociaciones multilaterales …, como por decisiones unilaterales y bilaterales de las autoridades económicas de los países o de las áreas de integración en las que se encuentran inmersos.

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Distribución de la renta

Con anterioridad a la primera revolución industrial (mitad del siglo XVIII), la renta per cápita en Europa occidental era tan sólo un 30 por 100 superior a la de China y la de India … La principal causa del aumento de la disparidad de renta fue la paralela industrialización de Europa y desindustrialización del resto del mundo, que se aceleró con la expansión del comercio internacional.

En 1850, antes de que empezase el proceso de globalización, la diferencia entre los países más ricos (Gran Bretaña, Australia, Suiza) y los más pobres de los que había estadísticas (China, India, Pakistán) era de 4 a 1.

Al final del primer proceso de globalización en 1913, dicha diferencia había aumentado y era de 10 a 1 … En 1960, la diferencia de renta por habitante entre la media de los países de la OCDE y la de los más pobres era ya de 30 a 1 y en 1997 era de 74 a 1, es decir, se había más que duplicado.

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Empleo y salarios

Los países más pobres del mundo tienen hoy un 80 por 100 de su población empleada en una agricultura de subsistencia o de baja productividad, por eso son tan pobres. El reverso de este fenómeno ha sido un constante aumento del empleo en el sector servicios en los países más desarrollados. En Estados Unidos el porcentaje actual es del 74 por 100 del empleo total, la media de la OCDE es del 64 por 100, en la Unión Europea del 65 por 100, y sólo en Japón es algo menor con el 62 por 100 del total del empleo (OCDE, 1999).

Pues bien, ahora le toca el turno a la industria, y es muy probable que dentro de pocas décadas el empleo industrial en los países de la OCDE caiga por debajo del 10 por ciento del empleo total. No debemos preocuparnos porque la industria, primero la más intensiva en mano de obra y luego el resto, se vaya poco a poco deslocalizando a otros países … Hay que olvidarse, primero, de la producción industrial en masa que se llevaba a cabo por una compañía en un país y en una planta, ya que la producción se ha convertido en un proceso que se efectúa en muchas plantas, en muchos países y por muchas empresas.

En definitiva, la desindustrialización de los países desarrollados no puede considerarse como un síntoma del fracaso del sector manufacturero o de la economía en general. Por el contrario, la desindustrialización es una característica general del proceso de desarrollo económico que ocurre en las economías avanzadas y que tiene una relación muy estrecha con el aumento del nivel de vida.

¿Qué se puede decir a modo de conclusión sobre el impacto de la globalización sobre la desindustrialización, la caída del empleo y la desigualdad salarial de los países desarrollados?
La evidencia del impacto de la globalización sobre el empleo es, hasta ahora, mucho menor de lo que los políticos, trabajadores y sindicatos perciben. De nuevo es el desarrollo de las tecnologías de la información el que está produciendo mayores efectos sobre el empleo y los salarios de las actividades administrativas más repetitivas y con menor contenido de cualificación (página 83: la utilización de computadoras ha reducido el back office de las empresas y ha aumentado el front office). La media de los estudios empíricos realizados atribuyen a la tecnología tres veces mayor impacto en el aumento de la desigualdad salarial que la suma de los efectos del comercio y de la inmigración.

¿Qué medidas se pueden tomar para lograr reducir las dificultades de conseguir empleo y las crecientes desigualdades salariales de los trabajadores menos cualificados?
A medio y largo plazo la única medida eficiente es la del aumento de la cualificación de los trabajadores de bajos salarios y de los desempleados mediante un programa de gastos masivos en educación y formación, especialmente en las nuevas tecnologías de la información y en los servicios basados en el conocimiento.

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Las multinacionales

Las empresas multinacionales están siendo el principal conducto por el cual la globalización se está desarrollando y, a su vez, ésta está promoviendo el rápido desarrollo de las empresas multinacionales o globales. Es decir, ambas se autoalimentan, reforzándose mutuamente … Lo lógico es que, conforme el proceso de globalización avance y se consolide, el tamaño de las empresas tienda cada vez a ser más grande y el número y volumen de fusiones y adquisiciones transfronterizas se multiplique.

¿Hasta dónde puede llegar el tamaño de las empresas?
Los teóricos no se ponen de acuerdo. Adam Smith fue el primero, como en casi todo, en sugerir que el tamaño estaba relacionado con el tamaño del mercado … Como conclusión se puede decir que la globalización, ampliando los mercados para las empresas, por un lado, y aumentando la competencia, por otro, crea unas enormes oportunidades para el desarrollo de las empresas y de los países donde están ubicadas y unos enormes retos de ajuste y transformación de las mismas para hacer frente a un mundo más competitivo …

Hay que acostumbrarse al hecho de que con el proceso de globalización son las empresas y no los gobiernos y los Estados los que toman la iniciativa y el protagonismo en la economía mundial, pero estos últimos tienen todavía en su mano los instrumentos de regulación para asegurar que dicho proceso sea un éxito y se minimicen sus posibles efectos perversos sobre la competencia.

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Estado y gobierno

Si observamos el número de países que existían en 1946, después de la Segunda Guerra Mundial, y el que existe en la actualidad, vemos que su número se ha multiplicado por dos veces y media. En 1946 había 74 países y hoy son ya cerca de 200 y siguen naciendo otros nuevos cada año. Sin duda, los factores más importantes que han provocado esta tendencia han sido, de un lado, el proceso descolonizador en su más amplio sentido y, de otro, el creciente auge del nacionalismo; pero la globalización y la apertura de los mercados está permitiendo que dichos nuevos países puedan subsistir una vez separados o liberados de sus metrópolis o del país dominante … Es decir, son los países pequeños los que tienen que vivir, por definición, del comercio ya que no disponen de recursos para ser mínimamente autosuficientes y por tanto son los que más se benefician de la globalización …

Por último, existe también otra repercusión que es de enorme importancia política para muchos países, incluido España. En un mundo cada vez más globalizado y más abierto es más fácil que se den situaciones de desintegración política. La globalización va a tender a favorecer los procesos de separatismo. Muchas pequeñas regiones homogéneas desde el punto de vista cultural, lingüístico o étnico pueden intentar negociar, democráticamente, el vivir independientes del país en el que están integradas. En un mundo más democrático y más abierto, las minorías podrán elegir más libremente su futuro siendo más autónomas o, incluso, independientes. El caso de la separación voluntaria de Eslovaquia de la República Checa, siendo además la parte menos rica de ésta, no hubiera sido posible en un mundo más cerrado y menos globalizado.

¿Qué papel le queda al Estado después de la globalización?
La menor efectividad de la política macroeconómica, tanto monetaria como fiscal, en una economía globalizada, hace que los gobiernos tengan que dedicar mayores esfuerzos a las políticas institucionales y microeconómicas. Lo que sin duda es muy positivo ya que tienen que hacer una política de permanente reforma y flexibilización de su economía para que pueda ser competitiva, a través de un mejor funcionamiento de los mercados y de las empresas.

Una buena educación, una formación de calidad, unas buenas infraestructuras, un sistema eficiente de salud, un sistema financiero saneado y bien supervisado, una justicia rápida e imparcial, una seguridad ciudadana, etc., son todos ellos elementos decisivos para salir favorecido de la globalización económica, obtener una mayor confianza y recursos financieros estables y a precios razonables. La triple calamidad de la corrupción, la delincuencia y la inseguridad jurídica y policial, que sufren muchos países en desarrollo (y algunos más desarrollados) es enormemente disuasiva de la inversión internacional.

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Política económica

Las malas experiencias que han tenido primero los ciudadanos y luego los mercados financieros internacionales, especialmente en los países en desarrollo pero también en muchos desarrollados, con las políticas monetarias y fiscales de los gobiernos están provocando una tendencia cada vez mayor (y ahora acelerada por la creciente supervisión que los mercados hacen de las políticas nacionales, como señalaba en el anterior capítulo) a la despolitización de la política económica …

De ahí que haya surgido una corriente creciente de pensamiento económico, derivado de las teorías de la elección pública (Buchanan, Mueller, Tullock y Wagner) y de la teoría de las expectativas racionales (Muth, Lucas y Sargent), que propugnan el establecimiento de reglas claras y transparentes en ambas políticas que se cumplan sin cambios a largo plazo y que eviten las intervenciones discrecionales y permanentes por parte de los políticos que suelen resultar siempre desestabilizadoras …

El primer triunfo de dichas ideas ha sido conseguir que la mayor parte de los bancos centrales vayan ganando autonomía frente a los gobiernos y estén dirigidos por personas independientes del poder político y con un profundo conocimiento de la política monetaria. Este desarrollo ha hecho que las economías que tienen bancos centrales independientes tengan una mayor estabilidad macroeconómica y una menor tasa de inflación.

El segundo triunfo de dichas tesis, que sería una política fiscal independiente del poder político está aún muy lejos de conseguirse, aunque la Unión Monetaria Europea ha dado ya un paso intermedio sometiendo, a través del Pacto de Estabilidad, a un duro corsé a las autoridades fiscales de los países miembros, que tienen obligatoriamente que observar unos límites máximos para los déficit públicos de sus países.

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España ante la globalización

Para España, que fue la economía europea más cerrada durante el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, el inicio de la globalización empieza, con la apertura del Plan de Estabilización de 1959, y con la vuelta de los primeros turistas europeos tras la contienda civil española y la mundial. En 1960, las exportaciones representaban el 8,9 por 100 del PIB y las importaciones el 7,4 por 100. El comercio total representaba el 16,3 por 100 del PIB. Dentro de la OCDE sólo había un país más cerrado que España: Turquía.

Desde 1960 la apertura de la economía española en términos de comercio de bienes y servicios ha sido espectacular. En 1990 ya se había pasado del 16,3 por 100 al 37,5 por 100 del PIB. Finalmente, en 1999, la proporción ha subido al 58,5 por 100 y en el 2000 se espera alcanzar el 60 por 100 del PIB … De esta apertura tan rápida se sacan una serie de conclusiones preliminares. La primera es que la apertura se ha acelerado conforme el proceso de globalización se aceleraba, es decir a partir de los años noventa. Entre 1993 y 1999 se ha pasado del 44 por 100 del PIB al 58,5 por ciento, es decir casi 15 puntos porcentuales en sólo seis años, dos puntos y medio por año, lo que no ha conseguido ningún otro país europeo. La segunda es que, en 1999, España ha superado a Francia, donde el peso del comercio exterior alcanza el 51,2 por 100 del PIB; a Italia donde es del 48,6 por 100 y a Alemania con un 52 por 100, quedándose muy cerca de la media de la Unión Europea, cuya apertura alcanza ya el 61,2 por 100 del PIB europeo.

En conclusión, la apertura de la economía española ha permitido explotar beneficiosamente el proceso de globalización ya que ha ido reduciendo su déficit comercial, ha conseguido superávits en cuenta corriente gracias a los crecientes ingresos netos por turismo que, en 1998, alcanzaron los 22.300 millones de euros cuando el déficit comercial era de 16.600 millones; y ha aumentado sus inversiones en el exterior, lo que permite a las empresas españolas internacionalizarse, ganar mayores cuotas de mercado en los países donde se ubican y aumentar la diversificación. Esto lógicamente reduce el riesgo que pueden provocar choques o perturbaciones asimétricas en la economía española dentro de la Unión Europea.

En definitiva, España ha afrontado el proceso de globalización con cierto éxito hasta ahora … La convergencia real en términos de renta per cápita ha sido menor que la de otros países como Irlanda y Portugal, debido a las elevadas tasas de desempleo y a la volatilidad del crecimiento económico. Se ha fundado básicamente en los aumentos de productividad y en el uso intensivo del capital a costa de mayor desempleo, pero también como consecuencia de un mercado laboral muy rígido.

El resultado de conjunto es positivo, pero aún quedan muchos retos por superar. La competitividad de la economía española empieza a dar signos de debilidad, el desarrollo de la economía del conocimiento y de las altas tecnologías lleva mucho retraso respecto de otros países europeos, aún quedan muchas reformas estructurales por hacer y, finalmente, las finanzas públicas del Estado del bienestar van a absorber una cantidad cada vez mayor de recursos que deberían destinarse al desarrollo masivo de la educación, la formación, inversión en I+D e infraestructuras. De cómo se afronten estos problemas en los próximos años dependerá el que España gane o pierda en este proceso de creciente globalización.

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