Homo videns. La sociedad teledirigida

Giovanni Sartori

Taurus, 1998


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La política vídeo-plasmada

El último aspecto de la vídeo-política que trataremos aquí es que la televisión favorece —voluntaria o involuntariamente— la emotivización de la política, es decir, una política dirigida y reducida a episodios emocionales. He explicado ya que lo hace contando una infinidad de historias lacrimógenas y sucesos conmovedores… La cuestión es que, en general, la cultura de la imagen creada por la primacía de lo visible es portadora de mensajes "candentes" que agitan nuestras emociones, encienden nuestros sentimientos, excitan nuestros sentidos y, en definitiva, nos apasionan.

El saber es logos, no es pathos, y para administrar la ciudad política es necesario el logos. La cultura escrita no alcanza este grado de "agitación". Y aun cuando la palabra también puede inflamar los ánimos (en la radio, por ejemplo), la palabra produce siempre menos conmoción que la imagen. Así pues, la cultura de la imagen rompe el delicado equilibrio entre pasión y racionalidad. La racionalidad del homo sapiens está retrocediendo, y la política emotivizada, provocada por la imagen, solivianta y agrava los problemas sin proporcionar absolutamente ninguna solución. Y así los agrava.

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Regnum hominis y hombres bestias

El núcleo en torno al cual todo se imbrica es el hombre como animal racional. En este trabajo, he insistido en la noción de animal simbólico porque no postulo que el hombre sea un animal racional. Su racionalidad presupone un lenguaje lógico (no sólo un lenguaje emotivo) y un pensamiento abstracto que se desarrolla deductivamente, de premisa a consecuencia. Por consiguiente, nuestra racionalidad es una potencialidad y, asimismo, un tener que ser, difícil de lograr y fácil de perder; es sólo una parte de nuestro ser. Pero es la condición sine qua non, la condición imprescindible, la condición necesaria.

Y sin embargo, el animal racional está siendo atacado profundamente, más de cuanto lo haya estado nunca … Y el clima cultural más apoyado por los medios de comunicación consiste en atacar al modelo elitista, abyecto y superado, del hombre racional occidental … El hombre del postpensamiento, incapaz de una reflexión abstracta y analítica, que cada vez balbucea más ante la demostración lógica y la deducción racional, pero a la vez fortalecido en el sentido del ver (el hombre ocular) y en el fantasear (mundos virtuales), ¿no es exactamente el hombre bestia que presenta Vico en su Ciencia Nueva? Realmente se le parece.

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Racionalidad y postpensamiento

El contraste que estoy perfilando entre homo sapiens y, llamémoslo así, homo insipiens no presupone idealización alguna del pasado. El homo insipiens (necio y, simétricamente, ignorante) siempre ha existido y siempre ha sido numeroso. Pero hasta la llegada de los instrumentos de comunicación de masas los "grandes números" estaban dispersos, y por ello mismo eran muy irrelevantes. Por el contrario, las comunicaciones de masas crean un mundo movible en el que los "dispersos" se encuentran y se pueden "reunir", y de este modo hacer masa y adquirir fuerza.

Así pues, aunque los pobres de mente y de espíritu han existido siempre, la diferencia es que en el pasado no contaban —estaban neutralizados por su propia dispersión— mientras que hoy se encuentran, y reuniéndose, se multiplican y se potencian.

Una vez dicho esto, la tesis de fondo del libro es que un hombre que pierde la capacidad de abstracción es eo ipso incapaz de racionalidad y es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene capacidad para sostener y menos aún para alimentar el mundo construido por el homo sapiens.

Hoy más que nunca, la gente tiene problemas, pero no posee la solución a esos problemas. Hasta ahora se consideraba que en política la solución de los problemas de la gente hay que reclamársela a los políticos (al igual que en medicina hay que pedírsela a los médicos, y en derecho a los abogados). No obstante, el gobierno de los sondeos, los referendos y la demagogia del directismo atribuyen los problemas a los políticos y la solución a la gente. Y en todo ello, la televisión "agranda" los problemas (creando incluso problemas que en realidad no existen, problemas superfluos) y prácticamente anula el pensamiento que los debería resolver.

El ataque a la racionalidad es tan antiguo como la racionalidad misma. Pero siempre ha representado una contrarréplica —desde Aristóteles hasta nosotros. La fórmula de Tertuliano era: credo quia absurdum. Y le respondía y le superaba la Summa Theologica de Santo Tomás, que destila lucidez lógica. A su modo y de forma diferente, Pascal con sus raisons du coeur, Rousseau reivindicando un "hombre natural" incorruptible y centrado en el sentimiento, y Nietzsche con una extraordinaria y alucinada exaltación de los "valores vitales" han rebatido el cogito cartesiano. Pero ellos eran grandes literatos y en sus ataques al cogito, formidables pensadores. En definitiva, no eran hombres bestia.

Sin embargo, sí lo son los exaltadores de la "comunicación perenne". Lo que ellos proponen no es un verdadero antipensamiento, un ataque demostrado o demostrable al pensamiento lógico-racional; sino, simplemente, una pérdida de pensamiento, una caída banal en la incapacidad de articular ideas claras y diferentes.

Entonces, el punto no es tanto que encontremos un nutrido número de autores famosos que ataquen la racionalidad … Actualmente, proliferan las mentes débiles, que proliferan justamente porque se tropiezan con un público que nunca ha sido adiestrado para pensar. Y la culpa de la televisión en este círculo vicioso es que favorece —en el pensamiento confuso— a los estrambóticos, a los excitados, a los exagerados y a los charlatanes. La televisión premia y promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez. De este modo refuerza y multiplica al homo insipiens.

La ignorancia casi se ha convertido en una virtud, como si se restableciera a un ser primigenio incontaminado e incorrupto; y con el mismo criterio, la incongruencia y el apocamiento mental se interpretan como una "sensibilidad superior", como un esprit de finesse, que nos libera de de la mezquindad del esprit de géométrie, de la aridez de la racionalidad.

Y aunque numerosas civilizaciones han desaparecido sin dejar huella, el hombre occidental ha superado la caída, verdaderamente "baja", de la baja Edad Media. La superó y volvió a resurgir, en virtud de su unicum que es su infraestructura o armadura lógico-racional. Pero aunque no desespero, tampoco quiero ocultar que el regreso de la incapacidad de pensar (el postpensamiento) al pensamiento es todo cuesta arriba. Y este regreso no tendrá lugar si no sabemos defender a ultranza la lectura, el libro y, en una palabra, la cultura escrita.

Decía que para encontrar soluciones hay que empezar siempre por la toma de conciencia … Y debemos reaccionar con la escuela y en la escuela. La costumbre consiste en llenar la aulas de televisores y ordenadores. Y deberíamos, en cambio, vetarlos (usándolos sólo para el adiestramiento técnico, como se haría con un curso de mecanografía). En la escuela los pobres niños se tienen que "divertir". Pero de este modo no se les enseña ni siquiera a escribir y la lectura se va quedando cada vez más al margen. Y así, la escuela consolida al vídeo-niño en lugar de darle una alternativa.

Y a quien me dice que estas acciones son retrógradas, le respondo:
¿y si por el contrario fueran vanguardistas?

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4 de Septiembre de 2001